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¿Qué es la obsolescencia programada y cómo afecta a tu dinero?

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24.11.2025

Autor: Bankinter Consumer Finance


Seguro que te suena: compras un móvil nuevo y, tras un par de años, empieza a fallar. Da igual si lo usas mucho o poco, si lo cuidas o no: las actualizaciones no llegan, las herramientas dejan de funcionar y en el servicio técnico te recomiendan sustituirlo. No es casualidad: responde a una estrategia empresarial que busca incentivar el consumo constante.

En un mundo cada vez más concienciado con la sostenibilidad y el uso responsable de los recursos, resulta chocante que exista una práctica que va en sentido contrario: la obsolescencia programada. Se trata del diseño intencionado de productos con una vida útil limitada, de manera que al cabo de un tiempo dejan de funcionar correctamente o resulta demasiado caro repararlos.

¿Qué es la obsolescencia programada?

El término apareció en los años treinta, cuando el empresario Bernard London defendió en un la idea de acortar la vida útil de los productos para aumentar los beneficios de las empresas y dinamizar la economía en plena Gran Depresión. La idea era sencilla: durante el proceso de diseño del producto, el fabricante debía calcular una duración limitada que garantizara que, pasado cierto tiempo, el consumidor tuviera la necesitad de sustituir ese modelo por otro nuevo.

Hoy, esta práctica se ha sofisticado hasta alcanzar otros aspectos del producto:

  • Obsolescencia funcional: Se da cuando un aparato deja de cumplir correctamente su función. Por ejemplo, móviles que se ralentizan.
  • Obsolescencia técnica: En este caso, los repuestos dejan de fabricarse o la reparación resulta tan costosa que no compensa. Un ejemplo sería el de los automóviles.
  • Obsolescencia estética: Esta modalidad es muy habitual en moda o electrónica, donde un nuevo diseño, color o accesorio induce al consumidor al reemplazo, aunque el artículo siga siendo válido.

El resultado de esta práctica empresarial es un consumo masivo de recursos naturales y emisiones innecesarias. Según el , alargar apenas un año la vida útil de móviles, portátiles o lavadoras supondría evitar 4 millones de toneladas de CO2, el equivalente a dejar en el garaje dos millones de coches.

Cómo afecta la obsolescencia programada a tu dinero

Más allá del impacto ambiental, la obsolescencia programada afecta directamente al bolsillo del consumidor. El economista Benito Muros, presidente de la Fundación Energía e Innovación Sostenible sin Obsolescencia Programada (Feniss), afirmó que esta práctica hace que el consumidor occidental medio invierta a lo largo de su vida entre 50 000 y 60 000 euros en la compra de electrodomésticos.

A continuación, te mostramos los efectos directos sobre tu economía:

  • Gasto recurrente: cada vez que un aparato falla antes de tiempo, debes asumir un gasto extra, ya sea en reparaciones o en la compra de un sustituto. Esto puede suponer cientos de euros en el presupuesto familiar.
  • Repuestos limitados: al dejar de fabricarse piezas, reparar deja de ser una opción. De este modo, te verás obligado a reemplazar el artículo por otro nuevo y, seguramente, de gama más alta.
  • Coste de oportunidad: Cuando constantemente tienes que destinar tu dinero a reemplazar bienes, pierdes la oportunidad de generar ahorro para alcanzar tus metas financieras.

En definitiva, la obsolescencia programada se acaba convirtiendo en un gasto vampiro, pequeños pagos que pasan desapercibidos y que poco a poco van desangrando nuestra cuenta corriente y mermando nuestra economía familiar. Recuerda que si te surge algún imprevisto y aún no tienes colchón financiero, puedes solicitar uno de nuestros préstamos al consumo: rápidos, flexibles y 100 % online.

Ejemplos típicos de obsolescencia programada

Aunque este tema se suele asociar con los dispositivos tecnológicos, la obsolescencia programada está presente en múltiples sectores. Veamos ejemplos de obsolescencia programada concretos:

  • Tecnología: Muchos dispositivos tecnológicos, como móviles, tabletas y portátiles dejan de recibir actualizaciones de software pasados pocos años, por lo que no se pueden utilizar con nuevas aplicaciones y se quedan obsoletos.
  • Electrodomésticos: En el caso de los televisores, algunos modelos incorporan retroiluminación LED de baja calidad que falla tras unos pocos años. Asimismo, muchas lavadoras y secadoras llevan componentes de plástico en piezas sometidas a desgaste, que se rompen fácilmente y obligan a un reemplazo caro.
  • Moda: La industria del fast fashion ofrece prendas diseñadas con materiales de baja calidad que duran poco tiempo para fomentar la compra continua. Además, cada año sacan colecciones basadas en nuevas tendencias para crear la necesidad de renovar el armario.
  • Alimentación: Las marcas de alimentación utilizan envases de un solo uso, diseñados para no poder rellenarse ni reutilizarse.
  • Automoción: Los fabricantes lanzan modelos casi cada año. Muchas veces las mejoras son estéticas, pero con el tiempo desaparecen las piezas de los diseños antiguos, forzando su sustitución. Por otro lado, los navegadores y pantallas táctiles dejan de actualizarse a los pocos años, volviendo obsoleto un equipamiento clave del vehículo.

La obsolescencia programada es un fenómeno con consecuencias claras para el planeta y para nuestro bolsillo. Desde la administración, ya se han puesto en marcha medidas como el , que obliga a los fabricantes a garantizar repuestos y reparaciones gratuitas durante un tiempo mínimo.

Como consumidores, reparar, reutilizar y alargar la vida de los bienes que ya tenemos no solo es un gesto de compromiso con la sostenibilidad, sino también una estrategia inteligente para proteger nuestra economía familiar.